Formación
en el patio del cuartel de Intendencia. Primer contacto con un
militar profesional. Un yayo calvo y gordo, vestido de paisano y
calzado con zapatillas andrajosas, que asesina el castellano cuando
habla, se dirige a nosotros y nos explica que nos darán una bolsa de
plástico con la cena de hoy y el desayuno de mañana: un par de
bocadillos, dos piezas de fruta y dos botellines de agua. Un festín.
Con eso tendremos que aguantar hasta León. Otros deberán subsistir
hasta Galicia con tal banquete. Alguien comenta después que el yayo
calvo debía ser un brigada. Con el tiempo aprenderemos que los
brigadas son la pieza fundamental del ejército, mucho más que los
estrategas del Estado Mayor, ya que de ellos depende que el personal
militar pueda comer cada día.
Historias de mi puta mili. Narración de hechos y vivencias acaecidos a mi persona entre julio de 1981 y agosto de 1982, período en el cual formé parte activa y no voluntaria del Ejército de Tierra, arma de Artilleria. Parafraseando a Les Luthiers, todo lo que se narrará aquí no sólo fue verídico, sino que además fue cierto.
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domingo, 1 de noviembre de 2015
viernes, 30 de octubre de 2015
Ráfaga 1
Barcelona.
Cuartel de Intendencia, al lado del Parc de la Ciutadella, donde
ahora està la sede de la Universitat Pompeu Fabra. Una calurosa mañana de julio de
1981. Entrega de petates a un montón de reclutas que marchábamos a la mili al cabo de dos días. Un cabo primero
nos reúne a su alrededor, escoltado por dos miembros de la PM (Policía Militar) y nos lee unos cuantos artículos del Código de Justicia
Militar, sobre deserciones, insubordinación, etcétera. En
todos los casos leídos por el primero, el castigo es o
veinte años de cárcel en un presidio militar o pena de muerte. Buen rollo para empezar. Yo
ya no iría.
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