Prácticas
de tiro de granadas. Nos llevaron a un bonito cerro y toda la
compañía se sentó en la ladera. El teniente pidió un par de
voluntarios para lanzar granadas. Salieron dos simples. Tiraron
las granadas. Una explotó, la otra no. El teniente se acercó
a la que no había explotado y la miró desde una distancia
prudencial. Luego, con piedras, señalizó el lugar. Más tarde
volverían los artificieros para hacerla explotar. Reflexión:
ya que estás allí, siempre es mejor caer en manos de
profesionales.
Historias de mi puta mili. Narración de hechos y vivencias acaecidos a mi persona entre julio de 1981 y agosto de 1982, período en el cual formé parte activa y no voluntaria del Ejército de Tierra, arma de Artilleria. Parafraseando a Les Luthiers, todo lo que se narrará aquí no sólo fue verídico, sino que además fue cierto.
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lunes, 21 de diciembre de 2015
domingo, 20 de diciembre de 2015
Ráfaga 32
Prácticas
de tiro. Fuimos a uno de los campos de tiro situados en el inmenso
campamento. Diez tiritos cada uno. No di a la diana ni de broma.
Ni siquiera apunté. Cumplido el trámite, regresamos a la compañía.
Un recluta llamó la atención del alférez de IMEC al mando.
-
Mi alférez, hay fuego en esos matorrales.
El
alférez, que tenía cierto parecido con Víctor Mature, clavó su
vista de ingeniero en tercero de carrera en el campo de matorrales cercano y queriendo hacer
méritos militares ordenó a la mitad de la compañía entrar en
el campo a apagar el fuego. Por fortuna, yo llevaba la
bandera -orgullosamente, por descontado- y debía permanecer en la
formación. El alférez Mature se lanzó el primero hacia las
llamas, con un entusiasmo digno de mejor causa. Cuando había
penetrado algunas decenas de metros en la zona de
matorrales, se paró en seco y ordenó volver sobre los pasos de cada uno,
nunca mejor dicho, pues era una zona de tiro y podían haber
granadas sin explotar entre los matorrales, ardientes o no.
Algunos regresaron pálidos, muy pálidos, a la formación.
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